¡Qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad!
Con pretexto de la ciencia nos entregábamos totalmente al amor. Y el estudio de la lección nos ofrecía los encuentros secretos que el amor deseaba. Abríamos los libros, pero pasaban ante nosotros más palabras de amor que de la lección. Había más besos que palabras. Mis manos se dirigían más fácilmente a sus pechos que a los libros. Con mucha más frecuencia el amor dirigía nuestras miradas hacia nosotros mismos que la lectura las fijaba en las páginas. [...] Ninguna gama o grado del amor se nos pasó por alto.Abelardo (carta)
http://youtu.be/A2f3fsgYQZ4 |
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