
Los grandes libros son reales.
Uno ve el barco. Ve los personajes, siente las risas, las conversaciones ajenas.
Los grandes libros son auténticos.
La marea es innegable. El ron de las Antillas, el tabaco para el mar, los olores, los aromas, el encierro de la sentina.. Las duchas de la Magenta Star y los jabones de pino aromatizando los camarotes de roble.. Como el agua nos cubre, y maldecimos por el bamboleo de la embarcación..
Quizás el Malcolm aún solemne se balancee sobre las aguas ocèanicas.
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