Hoy me siento sustancialmente cansada.
Solo eso.
Volví a matar a un bebito. Un bebé perro, claro.
Agonizaba.
Agonizaba hace varios días.
Para la veterinaria (comercio y médica en cuestión), solo era un ingreso más.
Un análisis de sangre en camino, tres días de internación, posible ecografía, y quien sabe.. quizas hasta una cirugía exploratoria.
El animalito no paraba de sollozar, deliraba; habia perdido el control de sus efinteres, ya no abria los ojos y no tenia fuerza.
Estaba hipotermico, y habia pasado la noche a solas (al contrario de lo que nos obligan a decirle a los dueños), sin estufa, sin bolsa de agua caliente, sin abrigo.
Apenas podia respirar, y sabiamos que su cuadro era irreversible.
Un bebé de la calle, ictérico, desnutrido, descalcificado, carcomido por la sarna y repleto de garrapatas, por lo tanto, anémico.
Me dolía mirarlo, cambiarlo, limpiarlo... y le hacia mimos pidiendole perdon, por haber caido en manos de gente tan brutal.
La Doctora, no hacia mas que burlarse de su padecimiento... y de mis pequeñas lagrimas de verguenza. Siempre mal vistas por mis compañeros de trabajo.
Andrea queria dormir la siesta de las 14hs, y el chiquito no paraba de gimotear.
Fue en cuanto se descuidó que llené hasta 2ml la jeringa de Eutanil, y le pasé el liquido rosa viscoso por vena al bebé, sin que ella supiera.
Gimió, levantó su cabeza, y cayó rendido.
-¡Uy! Se murió el negrito - exclamó - Que cagada, ahora tengo que cancelar el DIAP, y devolverle la guita del análisis...
Lo maté.
No me siento mal.
Sino que, sustancialmente cansada.
El cansancio, la tristeza, ya me subió por la medula hasta la cervical (donde siempre duele); donde nace y se expande el tubo neural en finas ramificaciones que se adentran en el globo.
Por el globo, hasta el globo, que estalla de vacío y provoca una reacción en cadena, hormonal, acuosa sobre todo..
Y se me caen las lágrimas.
Solo eso.
