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martes, 16 de octubre de 2012

Auto-conocimiento.

Conozco perfectamente la forma de mis clavículas y mis hombros, el camino bien definido que marcan del cuello a mi pecho izquierdo mis cuatro lunares.... Anfitriones incuestionables que incitan a conocer mi tatuaje, suave... de diamante.
Conozco correctamente las muecas que hago al llorar. Hace poco acepté mi risa, como algo mío característico.
Mi voz nasal, mi respiración por la boca, ronca. El centro de labios, el superior siempre seco..
El dolor constante de cervical, con su curva rectificada, por aquel viejo golpe.
El crepitar de mi columna al arquearse hacia atrás.
Mis codos secos, el sabor de mis lágrimas, el perfume de la piel de mis manos.

Aprendí a distinguir con los años cual de mis ojos era el azul, y cual el marrón cuando nací.
Es más, dejé de refregarme la piel debajo de la línea de mi ojo derecho (mi parpado inferior), para ratificar si esa manchita era un poco de maquillaje corrido, o tres de mis minúsculas pecas mal ubicadas.
Mis muslos de redondez perfecta, los hoyos de arriba de mi cadera, que continúan hasta mi pobre columna desviada, la famosa lordosis de las Cerbin.
Una mujer tan descarada, incapaz de irse de vacaciones mas de 20 días sin su vieja gatita..

Sé diferenciar a mis dolores de cabeza, y de que ojo veo menos. Las puntadas en el pecho... musculares o de angustia... Que tan rápido me crece el pelo y las uñas, (hasta podría definir una velocidad).

Me conozco, sin duda, son años de observación..
Tanto, tanto me conozco, que puedo afirmar con total exactitud que en el último mes me salió un lunar nuevo. Un circulo marrón perfectamente definido en la planta de mi pie derecho.
Me conozco, repito. Años de contemplación, y yo siempre atenta a todo detalle nuevo o algún que otro cotidiano.

Es por esto que puedo decir que no soy nada mas que la mujer que camina, camina y camina, buscando bares para esconderse y tomar café mientras escribe o lee.
La misma que disfruta deambular bajo la lluvia, quien camina leyendo un libro, y quien se cruza la vereda para acariciar cualquier gato callejero.



Soy quien le reza todas las noches a sus dioses, unas líneas de Oliverio.
Y quien duerme con la espalda desnuda, por si acaso...

No soy mas que eso, lo sé.

viernes, 12 de octubre de 2012

Las puertas de la percepción.

Robert Doisneau.
Domingo 19 de Febrero de 2012.


http://stevemccurry.wordpress.com/2012/02/19/the-lives-we-live/

Las puertas que se cierran, delimitan espacios, nos dan tranquilidad, privacidad, la intimidad necesaria para comenzar un juego de pieles extasiadas.
Cerradas, nos sorprenden. Por su ruido, su fragilidad o su imponencia..
Nos revela secretos, nos esconde tras ella.
Siempre está fría sobre la espalda cuando el amante te ahoga sobre la madera..
Las puertas que se abren, para dar paso a la corriente de aire, para ser dejadas atrás, para mostrarnos un nuevo escondite, una situación in fraganti, el cielo, la lluvia.. El limite, siempre el limite entre lo que se va y lo que viene. Un paso adelante y accedemos a otro espacio. A los que queríamos llegar, o a los que no queríamos volver.
Te abren paso a la luz, al día  al amanecer, al mar, a la vida.. O te invitan a la oscuridad, al refugio, al aire caliente condensado, a tu cama, a mi hogar.. Refugio sagrado en caso de terremoto.
La vida es una sucesión de habitaciones, que se abren, se cierran, y espacios en común que compartimos con quien tenga el gusto o no, de acompañarnos..
Mientras una puerta se abre, dos espacios antes distantes, ahora se conectan.
Y siempre, siempre, el acto es acompañado por un paso al frente.