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| Robert Doisneau. |
http://stevemccurry.wordpress.com/2012/02/19/the-lives-we-live/
Las puertas que se cierran, delimitan espacios, nos dan tranquilidad, privacidad, la intimidad necesaria para comenzar un juego de pieles extasiadas.
Cerradas, nos sorprenden. Por su ruido, su fragilidad o su imponencia..
Nos revela secretos, nos esconde tras ella.
Siempre está fría sobre la espalda cuando el amante te ahoga sobre la madera..
Las puertas que se abren, para dar paso a la corriente de aire, para ser dejadas atrás, para mostrarnos un nuevo escondite, una situación in fraganti, el cielo, la lluvia.. El limite, siempre el limite entre lo que se va y lo que viene. Un paso adelante y accedemos a otro espacio. A los que queríamos llegar, o a los que no queríamos volver.
Te abren paso a la luz, al día al amanecer, al mar, a la vida.. O te invitan a la oscuridad, al refugio, al aire caliente condensado, a tu cama, a mi hogar.. Refugio sagrado en caso de terremoto.
La vida es una sucesión de habitaciones, que se abren, se cierran, y espacios en común que compartimos con quien tenga el gusto o no, de acompañarnos..
Mientras una puerta se abre, dos espacios antes distantes, ahora se conectan.
Y siempre, siempre, el acto es acompañado por un paso al frente.

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