viernes, 12 de octubre de 2012

Palabras sin Lucía.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve,
ojalá por lo menos que me lleve la muerte
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

Es mi Holga, íntima amiga del azar, que juega con las aberraciones lumínicas,  y me amputa brazos, rostro, nariz....



IV.
    Aprendí cómo cuidar a los gatos y dar vuelta una tortilla sin que se desarme.
    Mejoré mis miradas atrapando ideas sueltas al vuelo: conexiones antes de que se produjeran, alegrías antes de ser desatadas.
    Recomiendo prudencia y moderación con estos logros. Deben quedar incorporados a la memoria como propios y alejados de aquel tiempo de la enseñanza mutua.
   Que tan sólo llegue un eco, como de una anamnesis socrática: encarnamos un cuerpo que ha olvidado lo que proviene desde un mundo inteligible. Parte de un amor que ya es una idea.


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