jueves, 8 de noviembre de 2012

Costumbre.

Tengo la fatal manía de levantarme al amanecer, y leer poesía.
Como si mi Sol no saliera hasta leer algunas evocaciones del amor, de la vida dulce...

Releo mis poemas favoritos, los redescubro.. pasajes que me gustaron, ahora me parecen imprescindibles, imponentes.. Aquí va uno que no deja de sorprenderme...


Muchacha en el primer ómnibus


Pálida como la temprana responsabilidad del aire,

de intemperie y destino modelas tu primera cara

tan pequeña aún para tus ojos,

demasiado frágil para soportar un nombre,

previa, frutal, creciente,

creciente fruto previo comenzando por dentro

como los blancos pormenores del naranjo.

Flor transitoria nacida momentánea

para invocar, pasando, la lentitud cabal

de un apogeo breve.




Serás. No eres. Apenas si sucedes.

Crisálida de tiempo tenue,

la voluntad te sueña como un absorto velo,

una altura te cae desde los hombros

y te silencia.

Más allá de tus manos

que suspenden y cierran el instante

en vibrante circuito y duradera calma

sobre la falda,

sigue un bajo desorden

que sólo tu belleza interrumpe,

excepción peregrina.




-Porque es difícil un goce sin imperio

las palabras te buscan en minucioso enjambre-.




Qué exactitud casual, qué comedido azar

contemplarte en tu víspera preciosa.

Cómo es puntual tu forma

y qué justa tu vida por ahora.

Sin embargo lo efímero se posa largo tiempo

en el punto de asombro de tu mirada con el mundo

y en el frío sobre tus labios.




Como la vida consumada es peso y colma

la piedra coronada ilustre y ciega,

los cónsules tallados en olvido,

como al olvido memorable, te pulimenta el frío,

en qué diverso mármol, que transcurre y florece,

en tu modo delgado lo veloz es visible.




Qué temprano se ha hecho de pronto.

Los pasajeros ya nunca llegaremos a tiempo.

Eres la única que tiene la edad del alba.

Avanzar a esta hora, da regreso.

Tú solamente viajas a favor del viaje.




Demasiado temprano para todos

-pesados y pretéritos

en la rama delgada de la hora-

salvo para quien como tú

germina rumbo inmóvil a un venidero mediodía

cuyo ardor ignora iluminadamente

con el sol a la espalda.




-Alta contra la ráfaga de las visiones

reverbera sucesión y tránsito.

Lleva sobre la frente un tiempo intacto,

un álgebra de propósitos le encrespa el pelo claro

y es su corona el tránsito-.




Tu corona es el tránsito.

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